dimecres, 25 de setembre del 2019

La cuestión está en querer

Seguimos tentando a la suerte, a ver si pronto conseguimos "pescar". 

Como os dije, cada vez está más cerca, incluso recuerdo haberos comentado qué incluso podía oler e imaginarme de qué color sería mí plaza en la última publicación. 

En esta entrada, me gustaría hablaros de lo difícil que resulta, a veces, seguir formándome como maestra. 

Desgraciadamente, todavía existen esos maestros y maestras que una vez tienen su plaza, ya sea en la educación pública por haber aprobado una oposición o en la privada/concertada, se desentienden de su formación y pasan a ser unos maestros con fecha de caducidad. ¿Por qué? Porque sus conocimientos no siempre van a poder desarrollarse como ellos creen, ya que, por suerte la sociedad avanza, y con ella la educación. Nuevos alumnos, nuevas inquietudes e intereses, nuevas metodologías… De ahí que su visión pedagógica y su puesta en práctica caduquen y se queden ancladas en tiempos pasados. 

Para evitar eso, debemos de formarnos de manera continua. Si algo me repitieron unas 345689762 veces durante la carrera, y también en el proceso de oposición, es que nuestra carrera no tiene fin. Los maestros debemos de estar en continuo proceso de formación, pues cada día surgen nuevas perspectivas de trabajo, de afrontar nuevas metodologías…

Es muy bonito decirlo, sí. Y, además, lo comparto al 300%. En mi caso, me considero una persona que no para. Siempre está formándose, ya sea mediante cursos, lecturas, blogs, páginas webs, redes sociales… No hay día en que no descubra algo nuevo relacionado con mi profesión. Pero todo no es “de color de rosa”. Cuesta mucho encontrar páginas fiables, no podemos acceder a todos los cursos gratuitos que ofrece la Conselleria d’Educació, y si accedemos, o hay una barbaridad de personas apuntadas y es imposible estar entre los seleccionados, o los que ofertan son cero interesantes; existen cursos pagando en los que pagas, haces un test y te dan el titulo (y si, están reconocidos) ; hay otros súper buenos en cuanto a formación y formadores, pero qué para nuestro pesar, no están reconocidos por la Generalitat… 

Entonces me pregunto… ¿De verdad quieren qué los maestros y las maestras sigamos formándonos para hacer mejor nuestro trabajo? Porque empiezo a dudarlo… Todos son pegas, obstáculos, dificultades… 

Pese a todo… Yo sigo luchando por lo que quiero. Sigo reivindicando que la educación es la base de la sociedad. Sigo formándome y creyendo en la revolución educativa que hace falta en las aulas. Sigo pensando qué, si queremos, todo es posible. La cuestión está ahí, en querer. 

Pese a todo, yo sigo formándome. 

diumenge, 15 de setembre del 2019

Es de color...

Hay un álbum ilustrado infantil que se titula “¿De qué color es un beso?”, y en él se trabajan los sentimientos a través de los colores. Está en la línea del famosísimo álbum ilustrado “El Monstruo de Colores” de Anna Llenas. Y os preguntaréis… ¿Qué tiene que ver esta obra literaria infantil con la historia de una maestra interina? Pues bien, tiene que ver mucho. Más de lo que vosotros podéis imaginar.

Como seres humanos, nosotros sentimos. Tenemos emociones, que depende de la situación, el contexto, el ambiente, cómo estemos, con quién estemos… se despiertan de una manera u otra. En mi historia, pasa lo mismo. Cada emoción, sentimiento, tiene su propio color. Entonces… Empecemos. 

Sería muy típico empezar por el rojo o verde, pues para bien o para mal, suelen estar relacionados con la parte positiva y negativa de la vida, y especialmente, en el mundo educativo tienen su espacio, su matiz, distinguido para muchos. Pero no, yo no soy típica. 

Naranja. Todos los que me conocéis sabéis qué se trata de mi color favorito. Me recuerda a la terreta y su fruta por excelencia, a los melocotones del verano, a un bonito atardecer en el pueblo, a cuando eres pequeño/a y pintas una jirafa (uno de mis animales favoritos). El naranja es Valencia. Y sí, también es del Valencia. Para mi, este color es vida, y la vida compartida con la gente que quieres, aprecias y respetas, se convierte en alegría. Sé que cuando me adjudiquen, mi clase tendrá mucho naranja. ¿Qué significará eso para mí? ¡Alegría señores y señoras! Si algo puede darme esto, es leer pronto la palabra: ADJUDICADA.

Morado. Color de la emoción. Como si de una montaña rusa se tratase, cada lunes y miércoles cuando salen los listados de centros pienso en morado. Me entran esas cosquillitas y aparecen las mariposillas en el estómago. ¿Nervios? Qué va… 

Azul. La tranquilidad. El mar, el cielo. Emoción que despierta cuando haces la lista de centros a tiempo. Dura pocas horas, pero ahí está. Aparece también cuando acabas la faena y te siestas satisfecha. Después de una reunión, al acabar los informes, cuando concluyes una tutoría… Hasta el siguiente asalto. Nunca he sido muy de azules. Considero que tengo mucha energía como para estar parada y no utilizarla, por eso, soy una persona en constante formación. Me gusta estar al día respecto al mundo, a la sociedad, pero sobretodo, en relación al mundo educativo. Juegos, charlas, seminarios, cursos, cuentos, álbumes ilustrados, revistas, nuevas metodologías o enfoques… 

Amarillo. El color de la mala suerte, como muchos dicen. Para mi, se trata del color alerta. Ese que cuando aparece te hace estar más pendiente de lo que está sucediendo. Puede ser, que por eso sea uno de los favoritos a la hora de subrayar los apuntes, aunque en mi caso… ¿sabéis cual es? Creo que es obvio. En el mundo educativo siempre tienes que tener mil ojos. ¿Nunca os habéis parado a pensar qué significaba esa frase tan típica y repetida qué nos decían de pequeños, “Tengo ojos en la nuca”? Es el estado de alerta más usado, comentado y respetado cuando eres un niño/a. Para mi, esto es el color amarillo. 


Blanco. El blanco para mí es como un huevo sin sal. Nunca me ha dicho nada. De ahí que lo relacione con la pasividad. Sensación que como docente jamás debo de tener presente. Ni yo ni nadie. Bajo mi punto de vista, es peor que la furia. Un maestro pasivo, es un maestro penoso, sin preocupaciones ni intereses. Sin emoción. Sin ganas. ¿Vale la pena? Opinad vosotros mismos. 

Negro. Oscuridad. Su descripción lo dice todo. Es el siguiente paso a estar furioso, molesto, por lo tanto, para mí estas emociones están relacionadas con este color. Siempre se dice que el negro es el color elegante por excelencia, pues bien, en el mundo educativo es el fin. La frustración. El agobio. El fracaso. Aspectos, sensaciones, emociones que como docentes debemos de evitar en nuestro alumnado. Está claro que se deben de poner en práctica para ser personas más completas, y ahí entramos nosotros en acción. Puestos en práctica, nosotros, los docentes, tenemos que ser capaces de ofrecer las estrategias y/o recursos necesarios para que nuestros alumnos sepan trabajarlas, aceptarlas, vivirlas. 

Rosa. Siempre relacionado con el género femenino. ¡Error! ¡Gran error! Para mi el rosa, es amistad. El olor a una rosa, suele traer buenos recuerdos y alegrarte cualquier momento. El rosa es tolerancia y respeto. El rosa es querer al otro tal y como es, y esto, es uno de los pilares fundamentales de la educación que se debe impartir en las aulas. Porque al final, debemos de construir y crear una escuela de todos y para todos. Tenemos que ser capaces de romper con los estereotipos, prejuicios y tópicos que la sociedad quiere establecer. Debemos de dar un paso firme adelante. 

Rojo. Pasión. Valentía. Amor. No creo en los aspectos negativos que en el mundo educativo se le han otorgado a este color. Bajo mi punto de vista, el rojo es todo lo contrario. Es fuerza por luchar por aquello en lo que crees, confías y quieres. El rojo es revolución en las aulas, en el sistema educativo. Porque no nos olvidemos, el verdadero cambio empieza en las aulas, de la mano de los maestros y su enfoque educativo y pedagógico. 

Verde. El color de la educación por excelencia. El color del la constancia y el trabajo. Suele transmitir buen rollo, por ese matiz positivo que la sociedad le ha dado. 


Soy consciente de que faltan colores, pero me paro a pensar y no sabría como definirlos. 

Llevamos dos semanas de adjudicaciones, quedándome a las puertas de conseguir mi plaza, intentando descifrar a qué huele y de qué color sería, y si ahora mismo tuviera que escoger un color qué definiera mi estado, mi sensación, creo que tanto el rojo como el verde podrían definirme. ¿Por qué? Porque soy una luchadora nata. No me rindo con facilidad. Me considero bastante constante y con ganas de dar el 300% de mí allí donde más feliz estoy, en un aula. 

En estas dos semanas me ha dado tiempo a pensar. ¿Qué hago con mi vida mientras espero esa maldita palabra? Me ha faltado tiempo. Mi cabeza no ha parado ni un segundo. Idiomas, cursos de formación, seminarios, lecturas formativas, nuevos proyectos entre manos en relación con mi pasión por la escritura de cuentos y álbumes ilustrados… E incluso he tenido tiempo para pensar en la oposición. Después de meditarlo mucho, voy a ir un paso más allá. Al final, quién no arriesga no gana ¿no? Se avecina una época de cambios, que espero que sean positivos. Mientras tanto, os iré contando mi historia poco a poco. 

Espero daros buenas noticias muy pronto. Buena señal sería… 

Hasta entonces me pregunto... ¿De qué color será mi plaza? 

dilluns, 12 d’agost del 2019

Cada vez más cerca

"Pasito a Pasito, suave suavecito", como dice la canción de Luis Fonsi, “Despacito”, poco a poco el destino está más cerca. 

Hace diez días exactos, Conselleria d'Educació publicó el listado de adjudicación de las vacantes de inicio de curso escolar (curso 2019/2020).  Para variar, se hicieron de rogar y sacaron el listado pasadas las 14h. 

En esta ocasión, estuve bastante tranquila, ya que era consciente de lo difícil que era conseguir una vacante para todo el curso, desde inicio de curso. Pese a ello, no voy a negar, que sentía un cosquilleo en el estómago. ¿Y si pasaba? ¿Y si volvía a ser una de las afortunadas? Abrí la web sobre las 14:30h después de haberla reiniciado varias veces a lo largo de la mañana. Y como suele ocurrir… colapsada. Me tocó reiniciarla un par de veces más hasta conseguir entrar sin dificultad alguna. 

Una vez dentro, vi el listado. Mi primer pensamiento fue: “Venga ábrelo y sal de dudas, pero chata no te ilusiones”. Y en efecto, no debía ilusionarme. Al poner mis apellidos en el buscador, ahí aparecí: NO ADJUDICADA. ¡Mecachis en la mar! Las dichosas palabras otra vez estaban ahí, la pesadilla de cualquier interino, pero sobretodo de aquellos que venimos con mil ganas de trabajar, con nuevas ideas y con aires frescos de cambios, tanto metodológicos, como pedagógicos… 

No fue desesperación lo que sentí en ese momento, podría decirse que era rabia, pero a la vez… ¡CHAN CHAN CHAN! El cosquilleo en la boca del estómago volvió, pues hasta pasado unos segundos no fui consciente de mi número en la bolsa (listado de interinos), ni mucho menos de la distancia que tenia entre mi posición y la de la última persona a la que habían adjudicado una vacante de mi especialidad (recordemos, soy de Pedagogía Terapéutica, también conocida como Educación Especial). La sorpresa y el cosquilleo llegaron cuando vi que únicamente me separaban 30 posiciones. ¡¡TREINTA!! Para muchos, os pueden parecer bastantes, pero para mí no lo son, ya que puede que tenga muchas menos personas de mi especialidad en esas 30 posiciones. ¿Por qué? Pues muy sencillo. Conselleria sólo cuenta con una lista única de interinos docentes, por tanto, estamos todos mezclados, juntos y revueltos, sí. Bajo mi humilde opinión, la de una interina desde hace un año concretamente, es un rollo, pues cuesta muchísimo averiguar el número real de la posición en la que te encuentras en la bolsa. Pero bueno, no queda otra. 

Ahora en agosto, el asunto de las adjudicaciones vuelve a estar paralizado hasta septiembre, donde vuelven los días de nerviosismo e intriga por ver qué ofertan, dónde lo ofertan, si se trata de una vacante (para todo el curso) o de una sustitución determinada (con fecha final establecida) o una sustitución indeterminada (sin fecha final). Vuelve la ilusión al abrir el listado de adjudicaciones, por ver si mi nombre vuelve a ser uno de los afortunados mediante la tan ansiada palabra “ADJUDICADA/O”. Creo que todos los interinos hemos soñado alguna vez con ella…

Mientras tanto, sigo siendo de las que van a cualquier tienda (Tiger, Tedy, Carrefour, chinos…) y sigue volviéndose loca viendo materiales, cuños, posibles juegos… Mi cabeza no para. Creo que eso es bueno, ¿no?. 



Espero volver con nuevas y felices noticias muy pronto, mientras tanto, 

¡Disfrutad del agosto! Yo os aseguro que lo haré 😄

dilluns, 8 de juliol del 2019

El que espera...

Lo sé. No hace falta que me lo recordéis. Soy consciente de lo desaparecida que he estado durante este tiempo... Y aunque suene a excusa de las baratas, he tenido mil ocasiones para escribir, pero nunca he encontrado el momento indicado. Disculpadme. 

En mi última entrada os conté mi tercer y último día como interina en Alicante, pues bien, en la de hoy, me gustaría describiros como han ido pasando los largos días, semanas y meses hasta el día de hoy.

Desgraciadamente, en este tiempo no he vuelto a sentir esas cosquillitas y nervios que sentí aquel martes 26 de marzo cuando leí en el listado de adjudicaciones de ese día la maravillosa y tan esperada palabra: ADJUDICADA. 

Mentiría si dijera que no confiaba en volver a coger una sustitución. Mentiría si dijera que no se han hecho eternos estos meses post adjudicación. Mentiría si dijera que no me levantaba esperanzada cada martes y jueves, esperando de nuevo ver esa palabra mágica que te trastoca y cambia la vida en una milésima de segundo. Pero... siendo consciente y realista, sé que este año el movimiento de la bolsa ha sido difícil, por no decir imposible. Por ello, en su día me sentí una privilegiada, y conforme han estado las cosas durante este año, en relación con la bolsa de interinos del cuerpo de maestros y especialidades... Me reafirmo en ese pensamiento, y además considero que no sólo lo fui en su momento, si no que, a día de hoy, también lo soy por haber aprobado una oposición hace justamente un año, y haber trabajado durante mi primer año como interina. 

Estoy segura que más de uno/a, os estáis preguntando ¿qué ha hecho esta entonces en este tiempo? Pues bien, los que me conocéis, sabéis que no paro. Me considero una persona muy inquieta y activa en cuanto a formación, y eso es lo que he estado haciendo, a parte de tirar una mano en las escuelas infantiles de mi madre, siempre y cuando se me ha necesitado. Durante este tiempo he seguido con el Máster en Dificultades de Aprendizaje que estoy cursando este año, profundizando todavía más en el mundo de las diferentes capacidades dentro de lo diversa que es la sociedad en la que vivimos. Además, he realizado diferentes cursos sobre mi especialidad (Educación Especial), y he ampliado horizontes en el mundo de las nuevas tecnologías. En resumen, no he parado, y tampoco creo que lo haga en estos meses de vacaciones veraniegas, pues aunque sea a través de la lectura (otro de mis hobbies), me encuentro en un período constante de formación, además de encontrarme ahora mismo trabajando en l’Escoleta d’Estiu que ofrece mi madre en sus Centros de Educación Infantil. Nunca hay que rechazar una oportunidad de trabajar, y mucho menos cuando es de lo que más te llena. 

En cuanto a la bolsa, a finales de julio será la primera adjudicación para aquellos/as que empiecen el curso. En mi caso, dudo mucho que me adjudiquen en ella, pero confío en estarlo antes de navidad, pues con la rebaremación de posiciones, estaré por delante de aquellos nuevos interinos que durante este curso escolar no han consolidado (consolidar = trabajar aunque sea un día). 

¿Y mientras tanto qué?, A parte de continuar con el máster y volver a los idiomas, cruzaremos los dedos y seguiremos esperando. Espero esta vez, no desesperarme, pues  como dice el dicho: “El que espera…”



P.D.: Prometo escribir alguna publicación durante las vacaciones… Pero para no perderos nada, podéis seguirme en la cuenta de Instagram @historiadeunamaestrainterina 😉

dimarts, 14 de maig del 2019

Tercera y última parada por tierras alicantinas

Viernes 29 de Marzo. 8:15h de la mañana. Último día en Alicante. Hoy día partido. Empezaré en un cole y acabaré en otro. Emociones a flor de piel, soy una persona muy sentida, qué se le va a hacer...

Seguimos la rutina del dia anterior. Salimos de casa en dirección a la parada de bus más próxima, pues el bus número 3 será el encargada de llevarme al cole. 

Ya en el bus, veo como van subiendo y bajando personas. Muchas de ellas con caras de pocos amigos, ya que como dicen, "madrugar no sienta bien", pero para mí, como bien dice la vecina rubia: "madrugar es de guapas". Otras tantas, suben animadas al autobús, ya que es viernes y empiezan dos días de descanso y desconexión. 

Dos paradas antes de llegar a mi destino, veo subir a uno de los alumnos del cole, el cual coge a su padre de la mano y me señala. Él no tiene habla, es uno de los rasgos más específicos de su trastorno, pero sí que tiene intención comunicativa mediante gestos y algún sonido. Yo, desde el final del bus, le dedico una amplia sonrisa de oreja a oreja y ellos la reciben y me la devuelven. 

Llego al cole con mucho tiempo, soy de esas personas que detestan llegar tarde, que la gente se retrase por costumbre... Por tanto, me organizo con tiempo para estar, al menos, diez minutos antes en todos los sitios y ser puntual. Sobretodo en lo que al trabajo respecta. 

Entro. El jefe de estudios me sonríe y me da los últimos buenos días en este centro. Paso al aula específica para dejar mis "trastos" y me encuentro con dos de mis compañeras de ayer. Me comentan lo que hay programado para hoy y salimos a recibir a nuestros pequeños bichitos, esos que te alegran el día con cualquier palabra gesto, sonrisa... Nada más verme, uno se me lanza a los brazos. Veo a otro preocupado y me acerco a preguntarle. Cuando le pregunto que qué le sucede, me contesta: ¿Maestra, qué va a hacer mi madre hoy en la lumbre? Como ayer, sigue preocupado por lo que su madre cocinará para comer. Pero en ese momento, no es eso lo que hace que en mi cabeza salten las interrogaciones y exclamaciones, si no que es la palabra lumbre. Nosotros, no estamos acostumbrados a utilizarla y menos en ese contexto, por tanto, me doy cuenta que ha sido eso lo que ha llamado mi atención. Después de unos microsegundos, le respondo que seguro que algo súper rico para comer, algo que le dará mucha fuerza para ser el campeón que quiere ser, y el superhéroe como Batman (tiene fijación por él).

Ya en el aula, empezamos el día con las rutinas. La educadora se encarga de poner los videos en la pizarra digital de las canciones que utilizan a diario para dar los buenos días. Mientras cantan, me comenta que hoy es viernes, y al ser el último del mes, tienen programado hacer una sesión de cine. Después de las rutinas, pasar lista, ver qué hay para comer... Planteamos en la asamblea qué peli quieren ver. Capitan Calzoncillos, Batman, Jurassic Park y Frozen son las candidatas elegidas entre ellos. Como no se ponen de acuerdo, decido preguntarle a la educadora si en el mes pasado acabaron la película, a lo que me responde que no, que vieron muy poco ya que tuvieron actividad en el centro. Por tanto, decido poner la peli del mes pasado, para acabar de verla y no crear disputas entre ellos.  La peli fue "En busca Del Valle encantado". 

El tiempo voló y cuando me di cuenta, faltaban 15' para salir al patio. Apagamos la peli, y nos pusimos en marcha con las rutinas de aseo antes del patio. Pipis, agua, coger el bocata... 

Cuando sólo el timbre estábamos todos preparados. Unos para irse al patio a jugar, desconectar, relacionarse con los demás... Y en mi caso, para despedirme de una nueva experiencia en un cole. Tocaba irse "volando" al otro centro, pues todavía me quedaban 3h por delante. 

Me despedí de aquellos compañeros con los que me crucé, fui a dirección y no vi a nadie, por lo que decidí dejar una nota donde les daba las gracias por la acogida, en el corto periodo que he estado en el cole. 

Tengo que reconocer que, de camino al otro centro, se me escaparon algunas lagrimillas. Algunas de ellas eran de pena, pues se acababa una experiencia muy muy bonita y gratificante, y otras de alegría, pues había superado la primera "prueba" en esto de la escuela pública. Como ya dije, siempre pensé que mi primer destino sería en Alicante, tenia esa corazonada, y no, no me equivoqué. 

Las siguientes 3h se pasaron todavía más rápidas. Jugando a "Alto al fugo", haciendo trucos de magia, jugando al "Fantasma Blitz"... Ya os lo dije, para tres días que iba a estar, íbamos a aprender jugando. Mi objetivo inicial era que disfrutaran conmigo, y lo conseguí con mucho éxito. En un principio, iba a estar "ocupada" las 3h, pero un compañero del cole, que también era interino, cuando llegó la última hora que me tocaba con su grupo, me dijo que me la dejaba libre, que tenia a los nanos haciendo cosas y que me dejaba "despedirme" por todo lo alto. ¿Hora libre? Decidí recorrerme los pasillos del cole, disfrutar de mis últimas horas allí, observando, pensando... 

Cuando sonó el timbre, me avisó de que eran las 14h. Otra vez tocaba despedirse. La verdad, no llevo bien eso de las despedidas, nunca me han gustado, pero había que enfrentarse a ellas. Por suerte, en esta ocasión estaban todos los profesores reunidos en la sala de profes, y pude despedirme de ellos. La estancia allí había sido maravillosa.

Al despedirme de la conserje, por cierto una chica majísima, y salir del cole concluyó una etapa de mi vida que siempre recordaría con mucho cariño, tanto por el recibido como por el ofrecido. 

Mis días en Alicante llegaron a su fin. Con lágrimas en los ojos, de nuevo, me subí al coche y me despedí de todas aquellas personas que habían hecho que mi estancia allí, y mi "prueba de fuego" fuera superada con éxito. 




¿Y ahora qué? Ahora... Seguiremos esperando la siguiente adjudicación.


Adiós Alicante, gracias por tanto. Eso si, si no vuelvo antes... ¡Nos vemos en Hogueras!


dimarts, 2 d’abril del 2019

"Segunda" primera parada

Mi "segunda" primera parada estaba en lo alto de Alicante. 

A cinco minutos andando del CEIP Virgen del Remedio se encontraba mi nuevo destino: CEIP GLORIA FUERTES. Pero esta vez no fuimos andando, esta experiencia ya os la contaré en la siguiente entrada.

Era jueves, y para no tener que mover el coche de aquí para allá, decidimos ir en bus al cole. Hablo en plural porque mi padre venia conmigo cual vigilante de seguridad. Dicen que lo desconocido da miedo, y más cuando te comentan las características del barrio y de la población que me podía encontrar allí. Y es verdad, hasta mi padre llegó a comentarme de camino al cole en el autobús número tres, que daba respeto la zona por había que pasar para llegar a la última parada, nuestra parada. Supongo que el miedo a lo desconocido mengua según vayan pasando los días, semanas, meses... y te vayas conociendo la zona, pero de primeras, lo dicho. 

Cuando bajamos el bus, mi padre enseguida tuvo la idea de seguir a todos las familias con nanos, ya que estaba seguro que nos llevarían a nuestro destino. Y así fue. Giramos la esquina y nos sorprendió un espléndido parque, con mucho verde (así llamamos a la vegetación en mi casa), muy limpio... Y al final de éste, el cole. A primera vista podía apreciar como se trataba de un centro con gran cantidad de espacio, pues se veía mucho "patio", y varios edificios. Poco a poco nos íbamos acercando y a la misma vez, veíamos una diversidad familiar impresionante. Madres en batín, pijama y chanclas, con las caras lavadas y de recién levantadas llevando a sus hijos (si, plural, porque al menos llevaban 3 cada una... ¡¡¡Incluso vimos a una con ocho!!!) al cole, grupos de niños/as que venían juntos sin ningún adulto, familias inmigrantes que quedaban para ir al centro educativo... De todo un poco. 

Cuando se hizo la hora, volví a "ponerme" esa sonrisa de oreja a oreja y me armé de valor. Era el momento de "volver a empezar". 

Entré al cole por la misma puerta que entraban los alumnos. Unos corrían, otros charlaban entre ellos, también los había que no entraban con muchas ganas... ¿Y yo? ¿Cómo entraba yo? A parte de llevar la sonrisa de oreja a oreja... Estaba de nuevo hecha un flan, pero esta vez, ya tenía más controlado el asunto. Sabía qué tenía que hacer. 

Entré directa y busqué el despacho del director, el cual para mi sorpresa se encontraba vacío, igual que el del jefe de estudios. Hablando de este último, hacía bastante tiempo ya que leí una noticia de prensa, en la cual un padre había pegado a un jefe de estudios. Y sí, era el de ese centro educativo. ¿Sería el mismo? Ni idea. Tampoco tuve ocasión de averiguarlo, ni pensaba meterme en ese rollo. Yo había venido a trabajar, por un corto periodo de tiempo, y eso iba a hacer. Quería dar lo mejor de mí, igual que hice el día anterior. Si por algo decidí estudiar magisterio, era por enseñar a los demás, pero sobretodo enseñar a que fueran felices, y ese era mi objetivo en estos tres días, que los nanos de los dos centros fueran lo más felices posible. 

Volviendo al tema... Al ver que no había nadie, me esperé en la puerta y enseguida llegó una chica joven. Nada más verla deduje que sería una interina, como yo. No me equivocaba. Ella fue la encargada de avisar al jefe de estudios de mi llegada, y en un abrir y cerrar de ojos lo tenía delante presentándose.  Entramos a su despacho, y después de hablar de Conselleria, de como estaban sacando las sustituciones, del juego que se llevaban entre manos con los interinos... Me explicó un poco por encima los aspectos básicos del cole, para que me hiciera una idea, y me dio la oportunidad de vivir una nueva experiencia. Iba a estar en una Aula Específica de Educación Especial. Me sentía inmensamente afortunada de poder vivir esa nueva realidad educativa, pues bien, aquí en Valencia, no hay muchas y la verdad es que también tienen lo suyo. Para los que no estáis familiarizados con el ámbito de la educación especial, una aula específica es una aula en un centro ordinario (cole normal, como lo llamaríamos de manera coloquial) donde están escolarizados los alumnos con necesidades educativas especiales de mayor "gravedad". Se trata de una variante de la inclusión educativa, pero a su vez, se ofrece mayor atención individualizada a los alumnos que más la requieren gracias a la dotación de recursos tanto materiales como personales (Educador de Educación Especial). 

En el Gloria cuentan con dos aulas de Educación Especial. La primera, tiene 7 alumnos entre 6 y 9 años, y la segunda cuenta con 7 alumnos también pero de 9 a 12 años. 

Cuando entré por la puerta del aula específica de alumnos entre 9 y 12 años, todos me miraron, pues yo era una persona "extraña" para ellos. Un alumno me saludó y me preguntó si era una Seño o una alumna nueva. Al instante, se presentaron todos. Entre la educadora del aula y la tutora, estuvieron poniéndome al día de las diferentes patologías y necesidades que tenían los alumnos que tenían. Como era nuevo para mi, me pareció súper curioso ver diferentes niveles cognitivos, las diversas formas de trabajo que tenían, la variedad de materiales con los que contaban... Si antes de conocerlas ya me parecían todo un reto, desde ese momento lo confirmaba: Las Aulas Específicas de Educación Especial son todo un reto educativo para los docentes. Para poder trabajar en ellas, de forma correcta y adecuada, ofreciendo una respuesta ajustada a las necesidades del alumnado que tienes, debes de ser una persona muy organizada, planificada y llevar al día el trabajo. Estoy segura, y por lo que me comentó la tutora que agotan, tanto física como mentalmente, pero al fin y al cabo... "Sarna con gusto no pica", o eso dicen ¿no?. 

Antes de empezar a trabajar, todos los días hacían una serie de rutinas. Cantaban la canción de "Bon dia", repasaban la fecha y quienes habían venido al cole y los que se habían quedado en casa. Cada día cambiaban de persona responsable, para que todos tuvieran su momento y pudieran "lucirse". De esta manera trabajaban también las habilidades sociales. Me quedé alucinada 

Durante la mañana, pude trabajar con uno de los alumnos. Él estaba diagnosticado como TEA, y aun siendo conocedora de los diversos tipos de alumnos con autismo que existen, éste me sorprendió. Tenía un razonamiento espectacular. Eso sí, era un rollero en toda regla. Enseguida intentaba engatusarte para no trabajar o llevarte a su terreno. Como buen TEA tenía sus fijaciones, y una de ellas era la película infantil "Coco". Se sabía los diálogos e incluso la banda sonora. ¡¡Se sabía todas las canciones, con entonación y todo!! Para demostrármelo, pidió a su educadora una guitarra (Yo le comenté que quería hacerme una demostración) y ésta se la ofreció. Nos dio un mini concierto a todos y reconozco que me quedé impresionadísima. A dicho concierto se sumó otro alumno, el cuál pidió la guitarra también para cantarnos una canción que cantaba su padre. Éste no sabía tocar la guitarra, pero por las ganas y el ímpetu que le ponía también recibió una enorme ovación. 

Llegó la hora del patio y decidí salir a ver cómo interactuaban con el resto de compañeros/as del centro. Para mi sorpresa, habían 4 zonas: Infantil, primer ciclo, segundo ciclo + Educación Especial y tercer ciclo. ¿Veis como no iba equivocada cuando vi por primera vez las instalaciones del cole? Era enorme. 

En la media hora de duración del patio, los alumnos de las aulas específicas se relacionaban entre ellos, algunos, pero no compartían juego con el resto de compañeros/as. Me sorprendió y enseguida mi cabeza empezó a pensar diferentes maneras de integrar a este alumnado con el resto. Pensé en juegos tradicionales como el pollito inglés, el escondite, el pañuelo... Sería un trabajo que habría que haberlo empezado al inicio de curso, pero como propuesta cara el próximo año ahí la dejaba. 

Continuó la mañana como había empezado, con rutinas, trabajo en grupo... Y yo seguía nutriéndome de esa experiencia mágica que me habían dejado vivir. Digo mágica porque para mí, el mundo de la educación especial es pura Magia. Como un buen mago, tienes que saberte todos los trucos, tenerlos muy preparados, estudiados y siempre con una opción B por si no salen como esperamos, para luego poder llevarlos a la práctica frente a un determinado público. En este caso, el público sería el alumnado con necesidades educativas especiales. 

Se hizo la hora, las 14h en punto, y tocó despedirse del alumnado hasta el día siguiente. 

El viernes teníamos jornada partida. Empezaría las tres primeras horas en el Gloria Fuertes, y en el patio cambiaría de centro para estar durante las tres últimas en el Virgen del Remedio. Otra nueva experiencia que vivir, sumar y de la que estaba segura que iba a aprender mucho. 


Con una sonrisa enorme, daba por finalizado mi segundo día como maestra interina. 


¡A por el tercer y último día! ( Por el momento 😉 )





dilluns, 1 d’abril del 2019

¡¡ALICANTE, ALLÁ VOY!!

¡¡ALICANTE, ALLÁ VOY!!

Desde que vi la palabra "ADJUDICADA" en la lista única de puestos ofertados del pasado día 26 de Marzo, no hacía otra cosa que repetirme esa frase. Pues sí, allí iba a ir.

Pasadas las 5h de la mañana, sonó el despertador. Para variar, lo apagué y esperé en la cama, apurando los minutos hasta que volviera a sonar la siguiente alarma. Sí, soy de esas personas que se ponen dos, incluso tres alarmas. Volvió a sonar, después de apagarla, me quedé embobada mirando la pantalla del móvil. Miércoles 27 de Marzo de 2019. Día que siempre recordaré. 

Después de levantarme de la cama de un bote, me dispuse a arreglarme. Ya sabía qué me iba a poner, pues la noche anterior había dedicado unos minutos antes de irme a dormir para prepararme la ropa y los complementos que iba a ponerme en mi primer día como maestra interina en la Escuela Pública. Arreglada, guardé en la maleta las últimas cosas que iba a necesitar, me preparé un poleo para llevar, pues si desayuno antes de hacer un viaje/trayecto medianamente largo acabo mareándome, cogí la chaqueta y esperé a que mi padre estuviera listo para empezar nuestro viaje. 

Había llegado el momento de decir adiós por poco tiempo a mi casa, a Campanar, a Valencia...

Emprendimos el viaje en coche sobre las 6h de la mañana. Íbamos con tiempo, bastante tiempo, pues hasta las 9h no tenía que presentarme en el CEIP VIRGEN DEL REMEDIO de Alicante, pero si algo  caracteriza a mi familia, es que somos muy puntuales y nos gusta ir a los sitios con tiempo por si sucede algún acontecimiento inesperado. En nuestro caso, teníamos miedo a coger tráfico por la autovía, a perdernos al desconocer la salida que teníamos que tomar... Pues conocemos Alicante, pero nunca habíamos entrado por la parte norte de la ciudad, y además no conocíamos el barrio donde estaba ubicado el centro escolar. 

En el camino, decidí cerrar los ojos, ya que durante la noche no había podido descansar mucho, pues los nervios y la ilusión invadían mi cuerpo y mente. Tengo que decir, que tampoco descansé mucho, pues mi padre tenía la radio puesta, y al estar un poco "teniente" estaba más pendiente de las noticias que la Ser iba informando, que de descansar. Además, reconozco que los nervios cada vez eran mayores. 

Sobre las 8:15h llegamos a Alicante. Ubicado el cole, estacionamos en el primer sitio que vimos cerca de éste, y desde ese momento, empezamos a ver movimiento por la zona. Madres en pijama, con batín y sin maquillar llevando a su lado a cuatro o cinco nanos como mínimo, familias al completo que iban reunidas para llevar a sus pequeños al cole, niños y niñas solos... Vimos de todo pues el centro estaba ubicado en un barrio marginal, con una población mayoritariamente de etnia gitana e inmigrantes. De ahí que estuviera considerado como un centro CAES. 


8:50h. Era la hora de bajar el coche y acudir a mi primer destino. Estaba hecha un flan. Mi padre se quedó en el coche y yo me dispuse a cruza el paso de zebra para empezar una nueva aventura. Un sueño que por fin, después de varios meses de espera, se iba a convertir en una realidad. 

Cuando llegué a la puerta del cole, vi a una chica que me pareció ser la conserje por la vestimenta que llevaba. Me acerqué a ella y con una amplia sonrisa le comenté que era la nueva maestra de PT, a lo que ella me contestó súper amable que pasara dentro, que me estaban esperando mis compañeros para darme la bienvenida. Crucé la puerta del centro con algo de miedo, pero si algo me caracteriza es que nunca pierdo la sonrisa, y con la mejor de mis sonrisas, entré a la sala de profesores donde, como bien me comentó la conserje en la puerta, me estaban esperando los que iban a ser mis compañeros/as en esos tres días. Al entrar, un hombre campechano, de estatura media y con un polo rojo (según mi punto de vista iba poco abrigado, o es que yo estaba congelada por los nervios), me saludó con mucha efusividad, y me comentó que era Francisco, Paco a partir de ahora, el director. Le sonreí, y con un "encantada" le respondí a su saludo. 

En la sala de profes, habían chuches, galletas, café, té... Eso sí que era una buena bienvenida. Pero reconozco, que no sé si fue por vergüenza, nervios o vete tú a saber por qué no cogí nada. Me limité a sentarme en una de las sillas vacías que encontré al lado de Paco y a saludar a todos mis compañeros que iban presentándose uno a uno, los cuales me iban diciendo sus nombres y a su vez, que sabían que era un poco imposible que me acordara de todos ellos en ese momento. 

Para mi sorpresa, al final de la sala de profesores estaba él. Un antiguo compañero de Universidad, con el que durante los cuatro años que compartimos carrera, clases, trabajos, cenas y demás, tuvimos una relación de amistad muy fuerte e intensa. Éramos muy muy buenos amigos. Incluso algún compañero y algún que otro profesor nos comentaron que pensaban que éramos pareja. Pero no, nunca lo fuimos. Había un feeling especial entre los dos que hacia que trabajar juntos y crear bonitos recuerdos fuera mucho más fácil y agradable. 

Hablo en pasado de él, sí. El último año de carrera, empezó a salir con una chica que no nos gustaba a ninguno de los amigos, pues veíamos como jugaba y hacia de él lo que quería. En alguna ocasión se lo comentamos, y hubo un tiempo en el que abrió los ojos y se dio cuenta de todo lo que le habíamos ido comentando, pues cuando quieres y aprecias a una persona, le dices y haces las cosas por su bien. La relación con la chica se estancó por un corto periodo de tiempo, y cuando volvió a reanudarse, él cambió por completo. Para mi sorpresa, únicamente cambió su actitud conmigo. Ya no hablábamos como de costumbre, ya no me enviaba chorradas por WhatsApp, no hacíamos los trabajos por parejas/grupos juntos, intentaba no acercarse mucho a mi... En un primer momento no entendí nada, incluso llegué a pensar que podría haber dicho/hecho algo que le hubiera molestado u ofendido, pero no. Resultó ser que a la chica, yo no le hacía ni pizca de gracia. No toleraba que fuéramos buenos amigos y que compartiéramos tantas cosas, y como si de un ultimátum se tratase, le dio a escoger entre una u otra. Como os podéis hacer a la idea, la eligió a ella. Dejó perder una amistad por una persona tóxica. Sí, tóxica, no me escondo de decir mi opinión, pues viví y fui testigo de muchas acciones y situaciones que le dañaban a el que era mi amigo. Ay el amor... 

Cuando lo vi, mi reacción fue de sorpresa total. Sabía que había aprobado la oposición de maestro de primaria, y que estaba destinado en Alicante (lo sabía por otros compañeros), pero no sabía que estaba en ese centro. Creo, y es mi opinión, que al ver que todos se presentaban, tuvo que hacer de tripas corazón y venir a saludarme. Al acercarse, mi contestación fue: "Qué sorpresa. No sabía que estabas aquí." A lo que él me respondió: "Sí,   espero que estés bien." Esa fue toda nuestra conversación durante el primer día en mi aventura en el mundo educativo público. 

El primer día pasó rapidísimo. El cole contaba con jornada continua, es decir, entraban a las 9h de la mañana, y salían a las 14h. Además, los que querían quedarse a comer en el comedor, tenían esa posibilidad. Para mi esto de la jornada continua era raro, pues en los otros centros donde he trabajado, concertados y privados, no la había vivido. Tener tres horas seguidas, luego un patio de 30', y otras tres horas antes de irnos a casa, me parecía novedoso. 

Durante las tres primeras horas no tuve alumnos. Como estaban de actividad, Paco me enseñó el centro, me fue presentando a los especialistas y demás profes que no había podido conocer bajo, me explicó todo lo que necesitaba saber en mi corta estancia en el centro y me dio la llave de "mi aula", donde me dejó la tercera hora antes del patio, para que pudiera familiarizarme a ella, organizarme la sesión que iba a tener luego, ver los materiales con los que contaban... 

En la media hora del patio, decidí salir y ver a los nanos en plena acción. Allí estuve con dos profes, una interina como yo, y otra con plaza fija. Me estuvieron comentando aspectos del barrio donde estaba el cole situado, el tipo de alumnado, algún caso concreto... 

Legó la hora de la verdad. Cuarto era el curso con el que me estrenaba en este nuevo mundo para mi. De los 6 alumnos que tenía que tener, sólo vinieron cuatro. No me extrañé, pues Paco y algunos más, me comentaron que al tratarse de un centro CAES ubicado en un barrio marginal, muchos alumnos eran absentistas y venían de uvas a peras a clase. La chica a la que sustituía, me comentó que repasara las letras y vocabulario, entonces decidí que íbamos a jugar al "ALTO AL FUEGO". Este era un juego muy típico, de cuando éramos pequeños y pensaba que lo conocerían, pero no, mi sorpresa llegó cuando ninguno de los cuatro sabían de qué trataba el juego. Después de la necesaria explicación, y al ver como les costaba escribir el título del juego, decidí utilizar la pizarra para que copiaran los rótulos de las columnas y la tabla, facilitando así su trabajo. EN las columnas ponía: Letra/Nombre/Comida/Color. Sencillo. Una vez todo listo, empezamos el juego. Me sorprendió lo que les costaba encontrar palabras con la letra que yo había escogido. En 45' que duraba la sesión, únicamente nos dio tiempo a jugar 5 veces, pues me guardé 5' para hacerles uno de los trucos de magia que aprendí en el curso de "magia para la escuela" del CEFIRE que estoy cursando. "Maestra me he quedado flipando", "Maestra eres maga", "Maestra ves al got talent ese de la tele", y otras frases más fueron las "perlas" que me dijeron al ver el truco. 

Llegó el cambio de clase, y mis alumnos se fueron encantados. Incluso llegaron a pedir a su tutora el quedarse más tiempo conmigo, ya que iba a tener otras dos horas libres, pero esta no aceptó. 

En las siguientes dos horas, libres como ya he dicho, estuve mirando materiales para el próximo día, y recordando las instrucciones de un juego de mesa para llevarlo a la práctica en la siguiente sesión con ellos. Media hora antes de la salida, tuve la visita en mi aula de la otra PT del centro y de la AL. Las dos estuvieron contándome cosas del alumnado, como trabajaban... Fue una charla muy agradable donde me pusieron al día, todavía más si cabe. 

A las 14h, Paco llamó a la puerta y me dijo, Paloma es la hora de acabar. Recogí mis trastos, bajé la persiana, organicé un poco el aula (las sillas, los folios, los rotuladores...) y me despedí de ella hasta el viernes, ya que el jueves iba a pasar todo el día en el segundo centro, en el CEIP Gloria Fuertes. 

Al salir por la puerta, me despedí de los compañeros que vi, de la conserje y con una sonrisa de oreja a oreja, me fui satisfecha al encuentro con mi padre. 

Había superado con éxito mi primera jornada. 

Ahora solo quedaba esperar a que pasaran las horas, fuera jueves y empezara de nuevo.

Próximo destino: CEIP Gloria Fuertes. 






Qué duro es decir adiós, pero que injusto es en esta ocasión.

  Quien me conoce, sabe que no me gustan las despedidas. Soy una persona muy sensible de lágrima fácil. Decir adiós nunca fue fácil, pero lo...